Después de tomar nuestro desayuno en el hotel de Dublín y despedirnos de la dueña (que ha sido absolutamente encantadora) nos dirigimos al aeropuerto para entregar el coche y coger el autobús hasta Belfast.
El camino sencillamente me encantó, cuanto más al norte, más verdor intenso aparecía ante la ventana.
Llegamos a Belfast temprano y cayéndonos un buen chaparrón, afortunadamente el hotel (esta vez fue un simple Etap sin ningún tipo de trato personal) estaba cerca.
Dejamos las maletas y nos adentrarnos en la capital de Irlanda del norte y he de decir que me sorprendió muchísimo porque no me la esperaba ni tan bonita ni tan monumental. Es una ciudad que da gusto pasear.
Como nuestro plan inicial se fastidió (queríamos haber cogido el bus para ir a la Calzada del gigante, pero no llegamos a tiempo) decidimos pasar al plan B: visitar el museo del Titanic.
La entrada era cara: 15´50 libras, pero vale mucho la pena pagarlo (menos mal)
Estuvimos buena parte de la tarde dentro del museo y es que hay mucho que ver porque hacen un repaso exhaustivo no sólo del barco y de su construcción sino también de la ciudad.
Me emocioné mucho cuando estuvimos en la parte que explican (por cierto, de forma muy espectacular subiéndote en una cabina como si fuera una atracción de feria) las condiciones de los trabajadores y también las historias de heroísmo que se dieron durante el hundimiento.
Cuando salimos del museo nos fuimos a pasear por la ciudad y entramos en el pub más bonito en el que he estado en mi vida, precioso, pero no pudimos tomar nada así que nos fuimos al de enfrente donde ya aprovechamos para cenar mientras la gente estaba super pendiente de las carreras de caballos que ponían por la tele.
Como cuando salimos aún era de día, seguimos paseando, íbamos hablando, haciendo fotos, cuando de repente notamos que pasaba algo raro.... miramos a nuestro alrededor.... lo sentíamos en el ambiente.....
No había un alma!
No pasaban ni coches, salvo uno de vez en cuando!
Incomprensible! eran las 8 de la tarde, era de día (faltaba mínimo hora y media para que se pusiera el sol) no hacía frío, era verano y no había un alma en la calle. se podía escuchar el sonido de nuestro pasos. Y tampoco es que estuviéramos andando por una zona rara, precisamente estábamos en la zona comercial de la ciudad.
Nos dimos la vuelta para volver al hotel y por el camino sí había bares con gente, pero tampoco tanta.
Es decir, vives en una ciudad en la que es invierno prácticamente todo el año, en la que se hace de noche a las 4 de la tarde y en el mes de agosto, cuando las tardes son el doble de largas y tienes más horas de sol, no aprovechas para comerte las calles??? No lo entiendo
La conclusión: Belfast es más bonita que Dublín, pero yo prefiero a esta última mil veces, tiene alegría en las calles, tiene vida.
Al día siguiente pisábamos por fin suelo escocés, lo malo es que teníamos que coger un avión... y sería inolvidable!