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martes, 5 de noviembre de 2013

LA ÚNICA ESCARLATA POSIBLE

Cien años se cumplen del nacimiento de esta actriz inmensa. 
Lo tuvo todo para ser una dama inglesa de toda la vida, pero lo dejó por la interpretación.
Lo tuvo todo para brillar intensamente en el cine, pero su frágil salud y su amor sin límite hacia Laurence Olivier, la hizo muy selectiva para la gran pantalla, centrándose en el teatro.



Los ojos verdes más expresivos del cine, una fuerza arrolladora, pero también un carácter difícil e incluso caprichoso, una fragilidad sin límites, pero al mismo tiempo toda la fuerza y su talento como actriz los plantó Vivien en la tierra roja de Tara, a los pies del personaje cinematográfico al que todas las actrices hubieran querido enfrentarse: Escarlata O´Hara. 



Nació para interpretarla y lo hizo de lujo, se llevó el Oscar y un hueco más que merecido en la historia del cine.
Curiosamente, su segundo Oscar lo obtuvo por la encarnación de otra dama sureña, venida a menos y al límite de la locura....



Curiosamente, podría decirse que es el resumen perfecto de su triste vida.
A pesar de todo, yo la adoro, me ha hecho soñar desde niña y me ha proporcionado horas y horas de entretenimiento y emoción.



sábado, 11 de mayo de 2013

Mi película: La Película

Bette Davis: "Hubiera dado mi carrera de actriz, con premios incluidos, por ser la dueña y señora de Tara".
No me extraña que la gran Bette dijera eso. Escarlata O´Hara es el papel femenino por antonomasia, un reto interpretativo de primer orden. Todas las actrices del Hollywood dorado se dieron tortas por él, desde las grandes divas: Bette, Katharine Hepburn, Joan Crawford, Norma Shearer... hasta las jovencitas que empezaban a abrirse camino, como Lana Turner.
Pero la impetuosa Escarlata estaba destinada a una mujer maravillosa, vulnerable, bellísima, con los ojos más expresivos que he visto yo en una pantalla y con un talento inconmensurable: Vivien Leigh.
La actriz era una auténtica desconocida para el gran público y muchos se llevaron las manos a la cabeza al saber que iba a ser una inglesa quien interpretara al personaje sureño, pero como cuenta la leyenda, muchos pensaron "mejor una inglesa que una yankee" (es curioso como Vivien Leigh obtuvo sus dos oscars por encarnar a dos personajes sureños: Escarlata y Blanche).
Mucho dejó Vivien de sí misma en Escarlata, mucho de su espíritu, de su piel, de su vida en un personaje tan complejo y desgraciado. Y de paso se llevó por delante el corazón de una cría de 4 años que veía la película por primera vez, chupándose el dedo y al lado de una madre que marcaría su cinefilia y su mitomanía para siempre.
Lo que el viento se llevó es mi película, no hay otra, sólo ella.
Ya no es sólo que me enamorase perdidamente de Escarlata, Rhett, Melania, Tara... es que sólo su nombre evoca en mí una serie de emociones, recuerdos, sensaciones a flor de piel, es un tesoro que encierro en mi corazón y que se mezcla con la infancia tan feliz y mágica que tuve.
Su música, romanticismo, sus vestidos, sus decorados y, sobre todo, esos actores que me conmueven tan profundamente, se mezclan en el recuerdo con mis muñecas, mis juegos, el sillón que era mi "cueva mágica", mi madre...
Alguna vez lo he contado. Una de las veces, emitieron la película un jueves por la noche. Evidentemente, al día siguiente había que madrugar para ir al colegio, pero mi madre me dejó ver la peli entera. Algo completamente anormal en ella, porque era muy estricta con la hora de acostarse (lógico, por otra parte).
Al día siguiente no me despertó. ¡¡Fue genial!! Pero, claro, esa licencia sólo se daba porque se trataba de Lo que el viento se llevó: la película de las películas... la mía, la de mi vida