Mostrando entradas con la etiqueta Dublín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dublín. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2015

SMASH LUNA DE MIEL: PERDIDOS POR DUBLÍN

Volviendo a mi Smashbook dedicado a la luna de miel, la página de hoy está dedicada a nuestro intenso día recorriendo la ciudad de Dublín, que nos enamoró a pesar de que no fue la ciudad más bonita que vimos, sin embargo tiene un algo especial que atrae y que gusta.


Esta página se puede denominar de "aprovechamiento" . ¿Por qué? pues porque aproveche tiras de papel decorado que siempre sobran y se acumulan por los rincones y también recortes de un plano de Dublín que estaba más estropeado por el uso.


Las tiras de papel decorado se pueden ver en las fotos donde salimos Vimbrio y yo. Lo que hice fue coger un trozo de papel e ir pegando las tiras, con simple pegamento de barra (va muy bien para pegar papel con papel) intentando que los colores peguen unos con otros.


Y los trocitos del plano de la ciudad, sólo los pegué sobre cartulina para que quedaran mejor pegados.
Un par de tiras de washi tape y página lista!

miércoles, 27 de agosto de 2014

DUBLÍN: MÁS DE 12 HORAS INMERSOS EN LA CIUDAD

El día 12 de agosto descansamos del coche, para alivio de ambos. Después de un magnífico desayuno (yo continental, Vimbrio escocés) nos fuimos a Dublín a patearnosla intensamente.
Aunque no es tan bonita ni monumental como Edimburgo, nos encantó por su algarabía, su ambiente un puntito underground, sus bares...


Vimos la estatua de Molly Malone, la mítica vendedora de pescado, el mercado, las dos catedrales (la de san Patricio me encantó), la zona vikinga, el Trinity College (nos costó un montón encontrarlo y luego nos dimos cuenta de que habíamos pasado por la puerta quinientas veces durante los dos días que habíamos bajado al centro) y la zona comercial para comprar unos recuerdos.




Es decir, caminando por Dublín de punta a punta. 
Por la tarde yo ya tenía un dolor de pies que no podía con mi alma.


Al anochecer volvimos al mismo pub del día anterior porque esa noche también había música en directo. Yo seguía tan reventada que creía que me iba a poner enferma, afortunadamente en el momento que me vino mi buen bocata con un filete delicioso y las patatas fritas empecé a resucitar. Lo malo es que el grupo que tocaba no era tan bueno como los dos músicos de la noche anterior así que después de un par de canciones y con el cansancio que llevábamos, decidimos irnos porque nuestro hotel estaba lejillos del centro.


Por cierto, que cuando entramos en el pub estaban poniendo el Real Madrid-Sevilla
Al día siguiente abandonaríamos Dublín camino de Belfast. Nunca le tuve mucha simpatía a Irlanda del norte, me gustaría?..... Bueno, mañana os enteraréis!

martes, 26 de agosto de 2014

WICLOW: EL LUGAR DONDE LOS ÁRBOLES SE REÚNEN

El día de Wiclow fue muy intenso, al principio para regular, pero luego para genial.
Vimbrio fue quien más sufrió y otra vez por culpa del coche. Salimos estupendamente de Dublín, estuvo conduciendo fenomenal por la autovía. Yo seguía con todos mis sentidos puestos en la carretera para indicarle cuándo se pegaba mucho a la izquierda, pero la verdad es que tuve que hablar poco en ese sentido.
Nuestra intención era ir al parque natural de Wiclow. Vimbrio había escuchado que era el "bosque" de Irlanda y en el hotel nos lo habían recomendado.
Wiclow también es un pueblecito, así que, como no veíamos ningún cartel indicando la dirección del parque decidimos entrar para preguntar.
De entrada nos encantó el pueblo y estábamos buscando aparcamiento, cuando Vimbrio se confió demasiado, se pegó demasiado al bordillo y escuchamos "plof!" y todo el mundo mirando hacia nuestra dirección: había explotado la rueda de mi lado!
El pobre Vimbrio, qué mal rato pasó, se sentía super inseguro a pesar de que yo le decía que es muy normal que ocurran esas cosas cuando no se está acostumbrado a conducir al revés, pero nada, no se consolaba.
Afortunadamente, a la entrada del pueblo habíamos visto un taller de coches y fuimos allí. Con la amabilidad acostumbrada nos cambiaron la rueda y por cierto, a muy buen precio y, para que Vimbrio se animara un poquito, decidimos quedarnos dando un paseo por Wiclow que vale mucho la pena.



Nos acercamos al muelle donde había gente pescando y niños metiéndose en el agua (con el frío que hacía), ni que decir tiene que fue ver eso y ya estaba Vimbrio diciendo que se tenía que meter en el agua, así que volvimos hacia el pueblo para buscar una toalla de playa y cuando la encontramos nos dirigimos a las ruinas de un castillo y a una playita preciosa que había por allí.
Me encantó, además fue mi primer contacto con el césped verde y fresco que crece por sí mismo sin necesidad de gastar un dineral en agua para regarlo.



También he descubierto que un castillo en ruinas tiene un encanto romántico que no tienen los que están en pie sin un rasguño, yo prefiero los primeros y si debajo tienen un acantilado, una playa, una bahía... mucho mejor.



Bajamos a la playa y por supuestísimo, Vimbrio se bañó. 


Esta visita nos encantó: pueblecito encantador, lleno de flores por todas partes, casitas de colores, escaparates bonitos...
Y por fin nos decidimos a ir al bosque....Ay el bosque de Wiclow!
Yendo por la carretera vislumbramos un lago y ya no podíamos aguantar la impaciencia por bajar y comenzar a caminar por allí.
Qué preciosidad de sitio! Vimos dos lagos, árboles, ríos, cascadas, musgo por todas partes, árboles formando círculos, que parecía que estaban en un concilio. Olvidamos por completo el percance el coche, el mundo y el tiempo.







Cuando ya íbamos volviendo al sitio donde teníamos aparcado el coche, nos cayó una tromba de agua impresionante (aquí, los dos duendecillos se habían ido a Irlanda y Escocia sin un triste paraguas), llegamos al coche calados hasta los huesos pero felices, nos había llovido en Irlanda!!! (somos unos frikis qué le vamos a hacer). Lo malo fue que con la ropa y los tenis empapados de agua ya no podíamos seguir caminando por el bosque porque tampoco era plan de coger una pulmonía, así que volvimos a Dublín.
Después de una buena ducha y de poner la ropa a secar, nos fuimos al centro, porque esa noche sí que queríamos escuchar música tradicional y vaya si la encontramos.
Nos metimos en una pub muy grande que hay por la zona del famosísimo Temple Bar (que por cierto no llegamos a ver) y justo cuando entramos se estaba preparando un violinista y un guitarrista que estuvieron cantando canciones tradicionales irlandesas. Lo que pudimos disfrutar Vimbrio y yo.... fue una noche estupenda!


La verdad es que fue un día magnífico, lo disfrutamos una barbaridad!
Al día siguiente descansaríamos de las emociones del coche porque le dedicaríamos toda la jornada a Dublín...