El día 12 de agosto descansamos del coche, para alivio de ambos. Después de un magnífico desayuno (yo continental, Vimbrio escocés) nos fuimos a Dublín a patearnosla intensamente.
Aunque no es tan bonita ni monumental como Edimburgo, nos encantó por su algarabía, su ambiente un puntito underground, sus bares...
Vimos la estatua de Molly Malone, la mítica vendedora de pescado, el mercado, las dos catedrales (la de san Patricio me encantó), la zona vikinga, el Trinity College (nos costó un montón encontrarlo y luego nos dimos cuenta de que habíamos pasado por la puerta quinientas veces durante los dos días que habíamos bajado al centro) y la zona comercial para comprar unos recuerdos.
Es decir, caminando por Dublín de punta a punta.
Por la tarde yo ya tenía un dolor de pies que no podía con mi alma.
Al anochecer volvimos al mismo pub del día anterior porque esa noche también había música en directo. Yo seguía tan reventada que creía que me iba a poner enferma, afortunadamente en el momento que me vino mi buen bocata con un filete delicioso y las patatas fritas empecé a resucitar. Lo malo es que el grupo que tocaba no era tan bueno como los dos músicos de la noche anterior así que después de un par de canciones y con el cansancio que llevábamos, decidimos irnos porque nuestro hotel estaba lejillos del centro.
Por cierto, que cuando entramos en el pub estaban poniendo el Real Madrid-Sevilla
Al día siguiente abandonaríamos Dublín camino de Belfast. Nunca le tuve mucha simpatía a Irlanda del norte, me gustaría?..... Bueno, mañana os enteraréis!
Este es el cajón de sastre donde Vimbrio y Lillibit guardarán todas las cosas que les gusten y les llame la atención
Mostrando entradas con la etiqueta irlanda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta irlanda. Mostrar todas las entradas
miércoles, 27 de agosto de 2014
martes, 26 de agosto de 2014
WICLOW: EL LUGAR DONDE LOS ÁRBOLES SE REÚNEN
El día de Wiclow fue muy intenso, al principio para regular, pero luego para genial.
Vimbrio fue quien más sufrió y otra vez por culpa del coche. Salimos estupendamente de Dublín, estuvo conduciendo fenomenal por la autovía. Yo seguía con todos mis sentidos puestos en la carretera para indicarle cuándo se pegaba mucho a la izquierda, pero la verdad es que tuve que hablar poco en ese sentido.
Nuestra intención era ir al parque natural de Wiclow. Vimbrio había escuchado que era el "bosque" de Irlanda y en el hotel nos lo habían recomendado.
Wiclow también es un pueblecito, así que, como no veíamos ningún cartel indicando la dirección del parque decidimos entrar para preguntar.
De entrada nos encantó el pueblo y estábamos buscando aparcamiento, cuando Vimbrio se confió demasiado, se pegó demasiado al bordillo y escuchamos "plof!" y todo el mundo mirando hacia nuestra dirección: había explotado la rueda de mi lado!
El pobre Vimbrio, qué mal rato pasó, se sentía super inseguro a pesar de que yo le decía que es muy normal que ocurran esas cosas cuando no se está acostumbrado a conducir al revés, pero nada, no se consolaba.
Afortunadamente, a la entrada del pueblo habíamos visto un taller de coches y fuimos allí. Con la amabilidad acostumbrada nos cambiaron la rueda y por cierto, a muy buen precio y, para que Vimbrio se animara un poquito, decidimos quedarnos dando un paseo por Wiclow que vale mucho la pena.
Nos acercamos al muelle donde había gente pescando y niños metiéndose en el agua (con el frío que hacía), ni que decir tiene que fue ver eso y ya estaba Vimbrio diciendo que se tenía que meter en el agua, así que volvimos hacia el pueblo para buscar una toalla de playa y cuando la encontramos nos dirigimos a las ruinas de un castillo y a una playita preciosa que había por allí.
Me encantó, además fue mi primer contacto con el césped verde y fresco que crece por sí mismo sin necesidad de gastar un dineral en agua para regarlo.
También he descubierto que un castillo en ruinas tiene un encanto romántico que no tienen los que están en pie sin un rasguño, yo prefiero los primeros y si debajo tienen un acantilado, una playa, una bahía... mucho mejor.
Bajamos a la playa y por supuestísimo, Vimbrio se bañó.
Esta visita nos encantó: pueblecito encantador, lleno de flores por todas partes, casitas de colores, escaparates bonitos...
Y por fin nos decidimos a ir al bosque....Ay el bosque de Wiclow!
Yendo por la carretera vislumbramos un lago y ya no podíamos aguantar la impaciencia por bajar y comenzar a caminar por allí.
Qué preciosidad de sitio! Vimos dos lagos, árboles, ríos, cascadas, musgo por todas partes, árboles formando círculos, que parecía que estaban en un concilio. Olvidamos por completo el percance el coche, el mundo y el tiempo.
Cuando ya íbamos volviendo al sitio donde teníamos aparcado el coche, nos cayó una tromba de agua impresionante (aquí, los dos duendecillos se habían ido a Irlanda y Escocia sin un triste paraguas), llegamos al coche calados hasta los huesos pero felices, nos había llovido en Irlanda!!! (somos unos frikis qué le vamos a hacer). Lo malo fue que con la ropa y los tenis empapados de agua ya no podíamos seguir caminando por el bosque porque tampoco era plan de coger una pulmonía, así que volvimos a Dublín.
Después de una buena ducha y de poner la ropa a secar, nos fuimos al centro, porque esa noche sí que queríamos escuchar música tradicional y vaya si la encontramos.
Nos metimos en una pub muy grande que hay por la zona del famosísimo Temple Bar (que por cierto no llegamos a ver) y justo cuando entramos se estaba preparando un violinista y un guitarrista que estuvieron cantando canciones tradicionales irlandesas. Lo que pudimos disfrutar Vimbrio y yo.... fue una noche estupenda!
La verdad es que fue un día magnífico, lo disfrutamos una barbaridad!
Al día siguiente descansaríamos de las emociones del coche porque le dedicaríamos toda la jornada a Dublín...
Vimbrio fue quien más sufrió y otra vez por culpa del coche. Salimos estupendamente de Dublín, estuvo conduciendo fenomenal por la autovía. Yo seguía con todos mis sentidos puestos en la carretera para indicarle cuándo se pegaba mucho a la izquierda, pero la verdad es que tuve que hablar poco en ese sentido.
Nuestra intención era ir al parque natural de Wiclow. Vimbrio había escuchado que era el "bosque" de Irlanda y en el hotel nos lo habían recomendado.
Wiclow también es un pueblecito, así que, como no veíamos ningún cartel indicando la dirección del parque decidimos entrar para preguntar.
De entrada nos encantó el pueblo y estábamos buscando aparcamiento, cuando Vimbrio se confió demasiado, se pegó demasiado al bordillo y escuchamos "plof!" y todo el mundo mirando hacia nuestra dirección: había explotado la rueda de mi lado!
El pobre Vimbrio, qué mal rato pasó, se sentía super inseguro a pesar de que yo le decía que es muy normal que ocurran esas cosas cuando no se está acostumbrado a conducir al revés, pero nada, no se consolaba.
Afortunadamente, a la entrada del pueblo habíamos visto un taller de coches y fuimos allí. Con la amabilidad acostumbrada nos cambiaron la rueda y por cierto, a muy buen precio y, para que Vimbrio se animara un poquito, decidimos quedarnos dando un paseo por Wiclow que vale mucho la pena.
Nos acercamos al muelle donde había gente pescando y niños metiéndose en el agua (con el frío que hacía), ni que decir tiene que fue ver eso y ya estaba Vimbrio diciendo que se tenía que meter en el agua, así que volvimos hacia el pueblo para buscar una toalla de playa y cuando la encontramos nos dirigimos a las ruinas de un castillo y a una playita preciosa que había por allí.
Me encantó, además fue mi primer contacto con el césped verde y fresco que crece por sí mismo sin necesidad de gastar un dineral en agua para regarlo.
También he descubierto que un castillo en ruinas tiene un encanto romántico que no tienen los que están en pie sin un rasguño, yo prefiero los primeros y si debajo tienen un acantilado, una playa, una bahía... mucho mejor.
Bajamos a la playa y por supuestísimo, Vimbrio se bañó.
Esta visita nos encantó: pueblecito encantador, lleno de flores por todas partes, casitas de colores, escaparates bonitos...
Y por fin nos decidimos a ir al bosque....Ay el bosque de Wiclow!
Yendo por la carretera vislumbramos un lago y ya no podíamos aguantar la impaciencia por bajar y comenzar a caminar por allí.
Qué preciosidad de sitio! Vimos dos lagos, árboles, ríos, cascadas, musgo por todas partes, árboles formando círculos, que parecía que estaban en un concilio. Olvidamos por completo el percance el coche, el mundo y el tiempo.
Cuando ya íbamos volviendo al sitio donde teníamos aparcado el coche, nos cayó una tromba de agua impresionante (aquí, los dos duendecillos se habían ido a Irlanda y Escocia sin un triste paraguas), llegamos al coche calados hasta los huesos pero felices, nos había llovido en Irlanda!!! (somos unos frikis qué le vamos a hacer). Lo malo fue que con la ropa y los tenis empapados de agua ya no podíamos seguir caminando por el bosque porque tampoco era plan de coger una pulmonía, así que volvimos a Dublín.
Después de una buena ducha y de poner la ropa a secar, nos fuimos al centro, porque esa noche sí que queríamos escuchar música tradicional y vaya si la encontramos.
Nos metimos en una pub muy grande que hay por la zona del famosísimo Temple Bar (que por cierto no llegamos a ver) y justo cuando entramos se estaba preparando un violinista y un guitarrista que estuvieron cantando canciones tradicionales irlandesas. Lo que pudimos disfrutar Vimbrio y yo.... fue una noche estupenda!
La verdad es que fue un día magnífico, lo disfrutamos una barbaridad!
Al día siguiente descansaríamos de las emociones del coche porque le dedicaríamos toda la jornada a Dublín...
lunes, 25 de agosto de 2014
LUNA DE MIEL AVENTURERA: LLEGADA A DUBLÍN
Después de la ansiedad terrible que me causa despegar en un avión (pensé que me iba a desmayar, sobre todo por lo brusco que lo hizo el piloto) ya solo quedaba disfrutar del inicio de nuestra luna de miel, aunque tenía cierta inquietud por eso de coger el coche en un lugar que conduce al revés!
Nuestra luna de miel comenzó con retraso, primero por el avión y luego porque tuvimos problemas con el primer coche que nos dieron en Hertz.
Afortunadamente, todo se resolvió a su debido tiempo y comenzamos nuestra aventura: conducir de Shannon a Dublín.
Vimbrio lo hizo muy bien y ni una sola vez, en todo el viaje, se confundió de carril ni tomó mal ninguna rotonda (y mira que nos hemos encontrado rotondas), lo único malo fue que se iba a la izquierda y ya os podéis imaginar lo que me entraba por el cuerpo.
En el primer día nos llevamos por delante el retrovisor de una furgoneta y por poco a un ciclista, pero, afortunadamente no pasó nada más y el dueño de la furgoneta fue super simpático (cualidad muy irlandesa).
Hicimos una primera parada en Nenagh para almorzar (a las 5 de la tarde). Entramos en un pub y nos adentramos en el auténtico ambiente irlandés. Estaban allí unos parroquianos tomando Guinness a una velocidad de vértigo y viendo un partido de criquet, muy emocionante debía ser por las reacciones de la gente.
Allí fue también nuestro primer contacto con la comida irlandesa. Vimbrio se pidió una sopa de verduras que estaba riquísima y yo una ensalada con pudding negro que estaba buenísimo, y los dos un popurrí de carne al grill.
Dimos una vuelta por el pueblo, que es muy bonito y seguimos camino de Dublín.
La primera entrada a la capital irlandesa nos gustó mucho, pero ya era tarde cuando llegamos al hotel que era muy hortera en cuanto a la decoración, pero la habitación era muy acogedora, calentita y limpia y la dueña lo más amable y servicial del mundo, así que encantados con el sitio.
Decidimos no adentrarnos ese día por el centro porque estábamos lejos y ya era tarde (de hecho no encontramos ningún sitio para cenar, lo cual tampoco fue un problema ya que habíamos comido tan tarde). Nos quedamos por la zona y nos metimos en un pub muy chulo y allí me tomé mi primera pinta de Guinness con la cual no he fallado casi ningún día.
El primer día de luna de miel había sido emocionante por muchas cosas.
Al día siguiente iríamos a Wiclow, primer contacto con la naturaleza irlandesa que no defraudó para nada!
Nuestra luna de miel comenzó con retraso, primero por el avión y luego porque tuvimos problemas con el primer coche que nos dieron en Hertz.
Afortunadamente, todo se resolvió a su debido tiempo y comenzamos nuestra aventura: conducir de Shannon a Dublín.
Vimbrio lo hizo muy bien y ni una sola vez, en todo el viaje, se confundió de carril ni tomó mal ninguna rotonda (y mira que nos hemos encontrado rotondas), lo único malo fue que se iba a la izquierda y ya os podéis imaginar lo que me entraba por el cuerpo.
En el primer día nos llevamos por delante el retrovisor de una furgoneta y por poco a un ciclista, pero, afortunadamente no pasó nada más y el dueño de la furgoneta fue super simpático (cualidad muy irlandesa).
Hicimos una primera parada en Nenagh para almorzar (a las 5 de la tarde). Entramos en un pub y nos adentramos en el auténtico ambiente irlandés. Estaban allí unos parroquianos tomando Guinness a una velocidad de vértigo y viendo un partido de criquet, muy emocionante debía ser por las reacciones de la gente.
Allí fue también nuestro primer contacto con la comida irlandesa. Vimbrio se pidió una sopa de verduras que estaba riquísima y yo una ensalada con pudding negro que estaba buenísimo, y los dos un popurrí de carne al grill.
Dimos una vuelta por el pueblo, que es muy bonito y seguimos camino de Dublín.
La primera entrada a la capital irlandesa nos gustó mucho, pero ya era tarde cuando llegamos al hotel que era muy hortera en cuanto a la decoración, pero la habitación era muy acogedora, calentita y limpia y la dueña lo más amable y servicial del mundo, así que encantados con el sitio.
Decidimos no adentrarnos ese día por el centro porque estábamos lejos y ya era tarde (de hecho no encontramos ningún sitio para cenar, lo cual tampoco fue un problema ya que habíamos comido tan tarde). Nos quedamos por la zona y nos metimos en un pub muy chulo y allí me tomé mi primera pinta de Guinness con la cual no he fallado casi ningún día.
El primer día de luna de miel había sido emocionante por muchas cosas.
Al día siguiente iríamos a Wiclow, primer contacto con la naturaleza irlandesa que no defraudó para nada!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
