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martes, 8 de septiembre de 2015

SMASHBOOK: LAZOS DE COLORES Y EDIMBURGO


Nuestra boda tuvo un momento muy singular: la ceremonia de los lazos celtas.
Esta ceremonia consiste en que te unan las manos con unos lazos mientras se leen unos votos. En nuestro caso, de los lazos y de lo que simbolizaban se ocuparon nuestros familiares y amigos.
Eran tres lazo: blanco, amarillo y verde y corté unos pedacitos para ponerlos en el smash con sus respectivas lecturas.
Fue un momento precioso!


En ambas páginas no he querido poner mucho adorno, me gusta mucho el papel decorado que trae el smash y además quería darle el protagonismo a las fotos y a los lazos, un poquito de washi tape y unos corazones troquelados y a volar!!


La página de los lazos sólo tiene como adorno unas pequeñas florecitas troqueladas con un brillo, los lazos debían tener todo el protagonismo.


Esta página también es muy sencilla. El fondo es como de libreta y me gusta mucho, así que a las fotos les puse una cartulina que sirviera de marco y un poco de adorno con dos trocitos que me sobraban de papel decorado y, que por el color, pegan muy bien con las fotos y el fondo. Un par de sellos y a la foto de Vimbrio acariciando al perrito Bobby, una idea que me gusta mucho: rodear la foto con una cuerda y colocar un pequeño tag.




lunes, 27 de julio de 2015

TEST DE EMBARAZO, MIS NIÑOS ECHANDO LOS PÉTALOS Y LLEGADA A EDIMBURGO

El diario del embarazo no lo voy a poner muy recargado de papeles ni técnicas scraperas, primero porque el papel decorado que trae el archivador es muy bonito y segundo, porque no quiero restar protagonismo a lo importante: las fotos y los datos que, al fin y al cabo, son lo importante de este diario.


En cuanto al Smash de la boda, hoy toca el gracioso momento en el que mis primitos nos rodearon con pétalos de rosas.


La primera página apenas la modifiqué porque, sencillamente, es preciosa...
Lo único que le he añadido es la lectura que hizo mi prima Marina y le añadí el título y una flechita señalando la foto de la página siguiente.


La siguiente página la cubrí con un papel decorado de Tilda que me encanta, súper romántico.
Pegué la foto y le añadí unos botones rosas. El filo de la página la entinté un poquito para darle un toque más de interés


En cuanto al Smashbook de la luna de miel, hoy toca nuestras primeras fotos de Edimburgo:


No cambié las hojas originales, sólo puse cartulina amarilla para contrastar y uno de los planos lo usé como bolsillo para meter los datos del hotel donde nos hospedamos. Unos botones, el journal y un título y listo!

lunes, 8 de septiembre de 2014

VUELTA A LA CIUDAD DE PIEDRA

Nunca me pude imaginar que me resultaría triste volver a una ciudad tan bella como Edimburgo, pero en esta ocasión, así era. Volver a Edimburgo significaba acabar con la luna de miel.
El único consuelo es que ese día, en la capital escocesa, nos íbamos a volver locos haciendo compras para nuestros seres queridos y para nosotros mismos (yo me consolaba con eso y con la idea de la cantidad de fotos que llevaba para hacer scrapbooking, mi cámara de fotos se había convertido en mi mayor tesoro)
Llegamos pronto pero tuvimos que esperar media hora en la puerta del hotel porque la dueña estaba comprando. He de decir que, aunque la señora era muy amable, esa fue la peor habitación, el suelo crujía mucho y por algunas partes se hundía, el lavabo era minúsculo (como el baño en general) la cisterna del water hacía un ruido muy desagradable y cuando menos te lo esperabas y no me pude duchar porque no había manera de dar con la tecla para que saliera agua del grifo.
Pero bueno, estábamos en Edimburgo y eso es mucho.
Después de las compras (fue un momento genial, a lo Carrie Bradshaw) nos perdimos por la ciudad caminando sin rumbo fijo.




Comimos en el mismo lugar donde lo hicimos la primera noche que llegamos, hizo hasta solecito y las terrazas estaban llenas. La ciudad estaba resplandeciente.
Pero duró poco, fue salir del pub y comenzar a llover. Durante toda la luna de miel me ha gustado mojarme, pero en esta ocasión iba cargada de bolsas y regalitos y no era plan de que se echaran a perder, así que Vimbrio aprovechó para tomarse una cerveza en The brew dog, un pub que hace su propia cerveza y que ya le había llamado la atención anteriormente.


Cuando cesó la lluvia, volvimos a la calle... en realidad, no hay nada destacable que contar en esa ocasión, seguíamos disfrutando de la ciudad, pero con un poso de tristeza.
Cenamos y nos fuimos a un pub muy típico que hay en la Royal Mile y que también tiene música tradicional, aunque irlandesa, porque he de decir que en cuestiones musicales, Irlanda le gana a Escocia por goleada.




Volvía a llover a cántaros y temíamos que por culpa de la lluvia no bajasen los soldados gaiteros, pero afortunadamente, a ellos no les asusta un poco de agua.
Cuando se acercaba las 22:30 nos salimos del pub, a pesar del frío y la lluvia. Nos teníamos que despedir de Edimburgo con esa bajada solemne y espectacular. Eso sí, fue acabar la canción Scotland the brave y salir pitando hacia el autobús (que tardó lo que no estaban en los escritos el puñetero)
Ya no volveríamos a pisar Edimburgo. En un principio pensamos aprovechar la mañana del día siguiente en el centro, pero viendo el retraso del bus no nos atrevíamos porque perfectamente nos podían dejar tirados y perder el avión. Y yo, en concreto, quería que lo último que viera en la ciudad fuera a los gaiteros.
Ay! al día siguiente volveríamos a la calor, la peste y el griterío, estaba muy triste!
Lo que aún no sospechaba es que nos quedaba un as debajo de la manga!! XD

martes, 2 de septiembre de 2014

LLEGADA A PERTH DESPUÉS DE DAR MUCHAS VUELTAS

Después del desayuno, volamos hacia el centro porque nos esperaba el castillo de Edimburgo. Me gustó mucho a pesar del viento frío que corría, sobre todo me gustó toda la zona donde se encuentran las joyas de la corona escocesa, descubiertas por sir Walter Scott.
También había un profesor de música que mostraba en un gran salón instrumentos renacentistas y, por supuesto, Vimbrio se interesó muchísimo y hasta tocó alguno.




Después de comprar unos bocatas en un sitio muy cuqui-hippy llamado Black Medicine, cogimos el coche (que ya Vimbrio manejaba sin problema) y pusimos rumbo a Stirling.
El pueblo es una preciosidad, me gustó mucho y, si no hubiésemos ido antes al castillo de Edimburgo, habríamos entrado al de Stirling, pero dos castillos en un día con todos los paisajes que podíamos ver, como que no...


Estuvimos paseando por los alrededores del castillo, el cementerio antiguo que tiene unas vistas impresionantes, la cárcel e incluso vimos a lo lejos la que parecía la torre de Rapunzel rodeada de bosque, que me fascinó... luego descubrimos que era el monumento dedicado a William Wallace.




También tomamos café (éste sí era medio decente) en un rinconcito muy bonito junto a una ventana llena de flores y con vistas a la plaza... precioso!
Vimbrio quería ir al pueblecito de st. Andrews y al monumento de Wallace, pero, como el primero estaba lejos, decidimos dejar la torre para el día siguiente.
Esta parte de la tarde no me gustó mucho, es decir, el paisaje muy bonito, pero fueron dos horas de viaje por carreteras llenas de curvas y cuando llegamos a st. Andrews ya era tarde y sólo estuvimos 15 minutos y me dio coraje porque el pueblo se veía muy bonito, pero aún nos quedaba una hora y pico para llegar a Perth, así que fue una tarde casi perdida subidos en el coche.





Menos mal que el paisaje hasta Perth es precioso, sobre todo cuando cruzas un puente sobre un entrante de mar que es impresionante.
Llegamos por fin al hotel a las 8 de la tarde. Los dueños son un matrimonio ya mayorcete. El marido nos recibió como si fuésemos familia, nos pareció super simpático (luego nos dimos cuenta que estaba un poco piripi). La habitación nos encantó, de las más bonitas en las que hemos estado (hemos tenido bastante buena suerte con las habitaciones).



Soltamos las maletas inmediatamente y nos fuimos a buscar un sitio para cenar. Entramos en una pub muy chulo pero resulta que dejaban de servir cenas a las 8 de la tarde y ya eran las 8:30. Preguntamos a los porteros y nos dijeron que era muy difícil encontrar un sitio que sirvieran cenas a esas horas, salvo un chino. Yo lo siento, pero no me gusta nada la comida china y sólo de pensarlo se me cortaba el hambre, menos mal que vimos un hundú.
Ha sido uno de los sitios más pijos en lo que hemos entrado, pijo en cuanto al servicio y el trato que no en los precios, menos mal. Comimos maravillosamente bien y super contentos con el lugar.
Salimos a la calle y no había un alma, silencio total y absoluto, eso, unido al cansancio del día tan completito, nos hizo volvernos al hotel porque la verdad es que la ciudad no invitaba a pasear por la noche y encima, para llegar al hotel, había que caminar más de 10 minutos por un parque oscuro y solitario, así que, nada, a la ducha y a la cama!
El día siguiente sería uno de los más bonitos de la luna de miel. Iríamos al monumento a William Wallace y sobre todo a Stoneheaven que me sobrecogió...

lunes, 1 de septiembre de 2014

EDIMBURGO: HASTA LA MÉDULA

Imposible aprovechar más una ciudad en un día, imposible!
Catorce horas recorriéndola, de arriba a abajo, de este a oeste. Hasta cogimos un bus turístico, que no lo hacemos nunca, pero Edimburgo es demasiado espectacular como para que te falte algo por ver, aunque sea de pasada.



Primero fuimos a la Royal Mile, que además de lo monumental y antigua que es, como estaba el festival, tenía una animación como nunca imaginarías en una ciudad de la Gran Bretaña.
En un principio dijimos de entrar en el castillo, pero todo lo que veíamos era tan impresionante que me podían los nervios y quería verlo todo antes de meterme en un sitio concreto, así que no pasamos de la puerta.



Sí entramos en la catedral de san Giles (creo que se llamaba así) que era gratis la entrada (aunque hacer fotos costaba 2 euros) y vale mucho la pena, es preciosa.




Luego estuvimos investigando por los callejones adyacentes, los llamaos closes, que nos tuvo muy entretenidos durante un buen rato. Bajábamos por uno a la parte nueva de la ciudad y volvíamos a subir por el siguiente. Lo que tendría que ser pasar por esos callejones al anochecer antiguamente, con razón hay una ruta gótica que pasa por esos rincones, incitan mucho a la imaginación y a los relatos de miedo. Sobre todo nos gustó the stair´s lady que daba directamente al museo de los escritores que se encuentra en una plazoletita con mucho encanto.






Como llevábamos ya unas pocas horas andando que mejor manera de descansar que sentada en un autobús turístico con el que recorrimos tanto la ciudad antigua como la moderna y así descubrimos que la New Town es impresionante de bonita, con sus avenidas, calles anchas y tiendas preciosas, así que decidimos que después del almuerzo nos dedicaríamos a pasearla.
Como hacía buen tiempo, comimos los bocatas en el césped de los jardines de Princess st., que tenían ambientazo porque la gente tuvo la misma idea que nosotros y el parque estaba llenito de gente y de familias con los niños. Ah! se me olvidó decir que Vimbrio por fin se compró su low wisthle, otra flauta más!




Y cuando hubimos comido y descansado, nos fuimos a la parte nueva, por supuesto entré en Accesorize, en Paperchase y en Cath Kidston que son mis tres tiendas favoritas de ahí arriba y como se acercaban las 5 de la tarde nos fuimos a tomar el té a una tetería super cuqui, que yo había visto desde el autobús.
También, desde el autobús, vimos que había una feria del libro y allí que nos dirigimos y eché el ojo a una edición preciosa que había de los cuentos de Beatrix Potter y que caería al día siguiente.





Volvimos a la parte vieja, estuvimos en su cementerio, conocimos al perrito Bobby, tomamos un par de pintas en un pub irlandés...



Se acercaba ya la hora de la cena (sobre las 7:30 de la tarde) y encontrar una mesa libre era toda una odisea, además ese día estábamos controlando la hora porque queríamos volver a ver la bajada de los gaiteros. Después de entrar y salir de muchos pub de Grassmarket, encontramos una mesa libre casi por casualidad y ese día mi cena fue un fracaso, porque me pedí una patata asada con hagis y no me lo pude comer, qué asco de hagis! menos mal que a Vimbrio le pusieron unas patatas fritas con su plato y algo le eché al estómago.


Cuando Vimbrio hubo cenado nos fuimos a coger buen sitio para ver a los gaiteros. De nuevo me emocioné mucho con su Scotland the brave.
Y ya no había más fuerzas para seguir andando, sólo cortar camino por un close (ahí sí pude notar más el encanto de esos túneles pues no es lo mismo hacerlo a la luz del día que a las 11 de la noche) coger el bus y volver al hotel... hacía 14 horas que habíamos salido camino de una ciudad que embruja!