Después de un magnífico desayuno, al primer sitio que nos dirigimos fue al lago Ness. Nunca me imaginé que el lago fuera tan enorme, sobre todo a lo largo, no veíamos el final.
Estuvimos mucho tiempo rodeándolo con el coche hasta llegar al castillo.
A este castillo sí decidimos entrar y por lo tanto pagar. No era caro del todo, unas 7 libras y está muy bien. Primero, te ponen un vídeo explicando la historia del castillo. Fue gracioso: estaba la muchacha explicando lo que íbamos a ver y dijo que había subtítulos, si alguien quería los subtítulos en su idioma que lo dijera. Nadie habló, así que Vimbrio levantó la mano y dijo que éramos españoles, así que nos pusieron los subtítulos en español.
El castillo tiene mucha antigüedad, creo recordar que se remonta a san Patricio o alguno de estos santos entrometidos que viajaban por el mundo dando por saco a los paganos.
Una vez concluido el vídeo, salimos al aire libre camino del castillo.
La verdad es que vale la pena, las vistas son preciosas. El misterio y leyenda del lago y de fondo las piedras antiguas y en ruinas... súper romántico, si no fuera por los dichosos italianos que son la mar de escandalosos!
A pesar de esto, me gustó mucho esta visita y, desde luego entendí por qué la leyenda del monstruo del lago Ness.
Imaginaos por un momento un atardecer... estáis por los alrededores de las ruinas de un antiquísimo castillo, la niebla y la noche empiezan a descender y os fijáis que el agua, en algunas partes, se mueve de forma extraña, que hay sombras raras que no sabéis explicar... Lógico que surjan leyendas!
A partir de aquí, el camino fue algo sencillamente colosal...
La carretera era de un solo carril, así que hay muchas paradas para permitir los adelantamientos... todas las paradas estaban llenas de coches de guiris haciendo fotos a esas montañas.
Cómo explicar lo que imponen esas montañas, sólo puedo decir que en el coche íbamos en silencio, pues imponen respeto. Sólo abríamos la boca para exclamar la incredulidad de estar pisando un lugar tan mágico como ese.
No se ve un cacho de piedra o de tierra, están cubiertas de arriba a abajo de unos arbustos verdes y marrones. Éstos últimos terminan con unas florecillas moradas.
La naturaleza se ha desbordado de tal manera que parece increíble, que parece que estás metida en la Tierra Media o algo así.
Los riachuelos no cesan y se unen en ríos que van formando unos valles impresionantes.
Yo me sentía sobrecogida e imagino que Vimbrio también. Ambos alucinados!
Nuestro destino era Kileakin, en la misma entrada de la isla de Skye. De hecho, hay que cruzar el puente que une a la isla con Escocia y ya te encuentras el pueblecito. Por cierto, que cruzar ese puente causa una sensación muy chula porque tiene una leve cuesta hasta llegar a su centro y luego baja, así que mientras subes sólo ves el cielo.
Por cierto, que muy cerquita de Skye vimos el castillo que más me ha gustado de todos los que llevo vistos. No recuerdo ni el nombre ni nada porque sólo lo vimos de lejos, pero la estampa es inmejorable.
Comimos allí y nos fuimos camino del Valle de las Hadas, con ese nombre, imaginaos lo que debe ser...
Más que de las hadas, yo le habría llamado Hobbiton, porque de verdad que parecía el hogar de los hobbits. Suaves colinas cubiertas de césped verde intenso, las ovejitas pastando por allí con total tranquilidad, un pequeño estanque... Ay! cómo puede haber tanta hermosura tan lejos de mí!!!
Estuvimos por allí dando vueltas muy tranquilos, dijimos de irnos justamente cuando venía un autobús, menos mal!
Aquí sí tuve un momento de nervios y tensión, porque la carretera era de cabras y encima cayó una tromba de agua que pa qué. Vimbrio se empeñó en buscar la montaña llamada Old Man porque tiene forma de cara (como la peña de los enamorados de Antequera) y yo ahí no disfruté porque desde el accidente me da miedo el coche, sobre todo cuando cae agua a canales y cuando ves amenazadoramente la niebla a lo lejos y rezas para que no baje hasta la carreterilla, que, como ya he dicho, era un camino de cabras.
Aún así, el paisaje era un espectáculo y no dejé de hacer fotos a pesar del susto.
Pasamos por la montaña de Vimbrio, pero era imposible bajar con la que estaba cayendo y lo dicho, la niebla amenazaba y como que no era plan, aún nos quedaba un rato para llegar al pueblo.
Por fin llegamos sanos y salvos al hotel. Teníamos una habitación preciosa, la que más me ha gustado de todas y un cuarto de baño súper bonito. Creo que ha sido la mejor habitación de todas en las que hemos estado.
Nos dimos una buena ducha y nos fuimos a comer. Desde luego se come maravillosamente bien en ese sitio, nos pusimos púos.
Intentamos salir a dar un paseo al anochecer, sobre todo porque la vista es preciosa con el puerto de fondo, pero hacía tal frío húmedo, que no podía casi caminar, así que volvimos al bar.
Había sido un día precioso, los paisajes los más hermosos que quepa imaginar.
Al día siguiente saldríamos de Skye, camino de Oban, camino de los bosques, camino de los lagos, de las montañas... Escocia es el país de las hadas!
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